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Alfredo Valdivieso G. Con este título, Andrés Oppenheimer comentó en HOY las aseveraciones de unos demógrafos, en el sentido de que “las avalanchas de inmigrantes latinoamericanos hacia los EEUU desaparecerán alrededor del año 2050, debido a que la tasa de crecimiento demográfica en América Latina se está atenuando y que para mediados de este siglo no habrá necesidad de murallas para impedir la inmigración y que para entonces, esta no quitará empleos a los estadounidenses ni tampoco se saturarán las escuelas y hospitales. Que, al contrario, más tarde, los países desarrollados se disputarán los emigrantes…”.
No sé si Oppenheimer está de acuerdo con las reflexiones de los demógrafos, lo que sí estoy seguro es que ni él ni los estudiosos demógrafos ni nadie de nosotros estaremos presentes para comprobar estas previsiones. En cambio, lo que sí sabemos es que por la gran explosión demográfica que ha azotado al globo terráqueo en este siglo, nuestros países, entre otras causas, se han mantenido pobres y esta pobreza hace que los latinoamericanos emigren a los países desarrollados y sean explotados, en especial los individuos no regularizados. Con el objeto de desvirtuar el optimismo de los demógrafos y ver lo que nos atañe en la actualidad o en los próximos años, revisemos cifras de este siglo: en 1900 la población del continente latinoamericano era de 61 millones; en 1925, de 93 millones; en 1950, de 156; en 1962, de 218; en 1980, de 360 y, para el año 2000, se calculaba en 662 millones, cifra que ha sido sobrepasada con creces. Lo que significa que en 100 años la población se ha multiplicado por 10. Según Naciones Unidas, la población mundial crece en el orden de 80 a 90 millones anuales. Allí está el origen de los males de la falta de trabajo, la pobreza y todas las complicaciones que se producen por este crecimiento acelerado mundial. Esta presión demográfica es originaria en un 95% de los países pobres. En el Ecuador, en un censo de 1952, éramos 3 250 000. En este año, somos alrededor de 12,5 millones y, si contamos con los más de 3 millones que han emigrado al extranjero, en 50 años nuestra población se ha multiplicado por 5. ¿Es posible un crecimiento económico con esta coacción demográfica? Con esta, unida a la ineficacia de la mayoría de los políticos que han gobernado este país con una enorme burocracia cara y muchas veces ineficiente, el Ecuador no puede salir de su subdesarrollo no obstante sus ricos recursos naturales. Sería conveniente que Oppenheimer mencione a los demógrafos que nuestros males son de ahora y no del 2050. Asimismo, que autoridades civiles y eclesiásticas reflexionen sobre este problema y pongan en práctica una planificación familiar. |