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Pájaros sin nido PDF Imprimir E-Mail
jueves, 04 de diciembre de 2008

Cuando alguien escribe sobre los inmigrantes tenemos que leer con mucho cuidado porque sus informes pueden ser solamente reportajes con fotografías que son instantáneas que no penetran en la psiquis de la postal. Aquél que escribe sobre la vida y milagros de los inmigrantes debe ser una persona que inició su vuelo solo, en una noche de abandono, sin brújula y sin pertenecer a los enviados de familias o de entidades.

Se puede hablar y escribir con algo de conocimiento, pero nunca sin la experiencia de haber pertenecido al tráfico de los “buscavidas” que aprendieron a leer las primeras palabras necesarias para encontrar trabajo en los páginas encasilladas de los periódicos especializados en desempleados huérfanos de la fortuna. Los reporteros no experimentaron los fraudes para arreglar su situación migratoria, su declaración de impuestos o la ayuda dudosa para encontrar trabajo. Estos atracos fueron “ayudas” calculadas de parientes o amigos que les trajeron o les ofrecieron “darles la mano” con muy raras excepciones de honradez. Los “migrantes” vinieron a trabajar en lo que sea, por lo tanto pasaron a ser parte del éxodo de la pobreza. Viajaron como huídos de la Tierra y desaparecieron entre el vaho de la clandestinidad que por diagnóstico deforma el espíritu de los sinpatria.
No importa que hayan entrado “legalmente” porque fue justamente allí donde se inició su ilegalidad, pues empiezan a respirar aquel aire clandestino en ese habitat que no es natural a sus necesidades aunque piensen que “ el mundo es ancho y ajeno”. Es el espíritu humano que siente y reconoce que ha abandonado algo que siendo íntimamante suyo lo ha dejado lejos, despreciándolo quizás sin darse cuenta. El efecto lo verán ustedes cuando después de un tiempo les sale el grito de “viva la Patria” y hasta les da ganas de desfilar con la bandera o dedicarse a formar clubes de toda índole dando muestras deformadas de patriotismo en tierras del desencanto llamadas de nadie. Estos espectáculos de amor agonizante a la patria ausente pertenecen a la esfera del dolor, al desahogo, a la impotencia de no estar donde dejaron enterrado su ombligo que también es parte de la madre.
Escribir sin haber convivido con la necesidad, con el peligro; o sufrido y caminado por los bericuetos de las desesperación buscando algún adelanto económico es angustia que sólo el que siente lo entiende. Recordemos que el inmigrante jamás será parte de esa otra cultura, es decir no podrá integrarse ni ser parte de aquella nómina social y económica de la que será sólo su caricatura, simplemente pasará a ser un adaptado por ambición o por negocio. Son migrantes que no pueden expresar lo que sienten y tampoco podrán explicar a su retorno porque ya no son de allá y tampoco pertenecen acá por poseer el sello inconfundible de ser extraños al medio. Los hijos de la diáspora siempre tratarán de querer exponer las costumbres de su terruño: su música y demás artes folclóricos que añoran, sueñan y anhelan brillar en tierra de ciegos... Los que abandonaron el nido se expresan a escondidas, entre las ramas, utilizan a sonámbulos para cumplir sus deseos, esos son efectos del desarraigo. Quieren sobresalir, hablan de lo que han visto a vuelo de gavilán en su mediana o larga estadía por esas tierra de errantes que anida a hijos del éxodo. Como si fuese poco, anhelan votar y participar en demás lides políticas que allá nunca les importó y ahora que están en el exterior menos; es como el amor de lejos… Tampoco pueden hablar o escribir los hijos de migrantes que nacieron en el extranjero, peor los que llegaron en “la bolsa diplomática de la cuota política” y se refugiaron en tierra que será su juramento mentido; aquéllos nunca serán ni sentirán lo que es ser legales porque se iniciaron desde otro ámbito y al contrario, llegaron con ayuda clandestina que es la peor huella de ilegelidad y traición cancilleresca.
Encima de todo ésto, existen migrantes que envían fotos con todo tipo de ridiculeces ensalsando su escondida y casi siempre penosa estadía para exhibirse ante sus familiares y amigos, eso es petulancia, ridiculez. Sería mejor que sepan por dónde caminan nuestras niñas decentes que circulan por la Ramblas de Barcelona, por las cantinas de Madrid y los moteles de los suburbios que sus familiares ignoran. Deberían alertar sobre los “matrimonios e.mail” , las líneas largas de inmigrantes que acuden al comedor social “Vicente de Paúl” en Madrid. O tal vez sería honesto anunciar a sus contactos enviando imágenes por celular y “laptops” de los tráfagos humanos de jovencitas, traídas a cancelar al pastor con sus diezmos trabajando de meseras, de coperas y de bailarinas “topless” en los barrios bajos de los suburbios de Los Ángeles, Miami, Nueva York y sus canchones; casas clandestinas, polladas y bares oscuros de Nueva Jersey donde abunda la migración legal e ilegal, importada de nuestras provincias empobrecidas de América Hispana.
Galo Vaca Acevedo 

 
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