Editorial
¿Tiene Díaz contados sus días?
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| miércoles, 23 de septiembre de 2009 | |
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FRANKLIN CEPEDA ASTUDILLO
Qué pena, señor Díaz, si para cuando estas líneas se publiquen, aún usted sigue ocupando unas funciones que sin duda le vinieron muy grandes.
Es posible que para cuando esta nota sea publicada, el intendente Díaz
vea acabados sus días: es común y hasta “normal” que los funcionarios
de libre remoción se cambien y alternen cual fichas de juego tan
marcadas como sujetas a las oscilaciones del interés, el cálculo, la
fingida renovación y, muy pocas veces, en función de alcanzar mayores
niveles de eficiencia: el 18 de agosto del año en curso, para ofrecer
testimonio personal, acudí hasta la Intendencia con el fin de dejar una
documentada denuncia sobre contaminación por ruido; desde entonces he
acudido, por reiteradas ocasiones, hasta la dependencia en cuestión con
tan mala fortuna como para jurar que más fácil me sería el conseguir
una audiencia con el Papa que obtener la menor respuesta del acaso
agonizante intendente. Pero la cosa, y lo digo con desesperanza, no
termina ahí: cuando procuré acceder al listado oficial de precios de
útiles escolares tampoco fui atendido con otra respuesta que un eterno
“vuelva mañana”. Cierto es, como lo puse en mi denuncia, que
requerimientos sociales más urgentes deben existir, sin que tal me
conforte de la ineficiencia, incompetencia, inoperancia, impavidez,
indiferencia... con que he sido “atendido”.
Por hoy se ha hablado de un inminente cambio de funcionarios sin que la reacción del aludido se haga esperar: ha manifestado no tenerle miedo a amenazas pero, según se ve, tampoco le ha causado el menor resquemor su propia incapacidad para consumar una gestión meritoria: el alcoholismo juvenil, que yo sepa, no se controla clausurando cantinas ni la delincuencia ha de acabar por simular persecuciones casi que garrote en mano. De qué vale, nos preguntamos, simular atacar los “grandes males” de nuestra sociedad si una pendejada de operativo para control de ruido no se ha sido capaz de acometer y antes, según el periódico La Primicia, se ha preferido acudir al discutible argumento de la libertad de trabajo, en la lógica de un régimen que poco tiene de progresista al hacer del clientelismo la vertiente central de sus volubles “principios”. Qué pena, señor Díaz, que en funcionarios como usted se evidencie mayor el ruido que las nueces; qué pena que haya sido tan ditirámbico y Torquemada a la hora de cazar brujas, a la hora de ensañarse en actitudes maniqueas e intolerantes y qué pena, no me cansaré de decirlo, que se haya revelado tan inútil para algo tan sencillo como advertir a los vendedores de música y videos (en copias ilegales, claro está), que para merecer respeto al derecho propio hay que respetar en primer lugar el ajeno. Qué pena, señor Díaz, si para cuando estas líneas se publiquen, aún usted sigue ocupando unas funciones que sin duda le vinieron muy grandes. |
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