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Diario Los Andes - Riobamba - Ecuador - Prensa - Noticias

Jueves
29 Julio
Página principal arrow Editorial arrow Puños de seda en guantes de hierro (II)
Puños de seda en guantes de hierro (II) PDF Imprimir E-Mail
martes, 20 de octubre de 2009
CARLOS MIGUÉLEZ MONROY
Pero los criterios cambian cuando se trata de delitos por parte de menores de familias ajenas.
“El temor a las consecuencias sigue siendo – lo siento, ojalá no fuera así– uno de los mayores elementos disuasorios, también para los adultos”. Por eso, Javier Marías duda que un joven acepte límites si en muchos años se le ha educado en que sus acciones no tienen consecuencias y prefiere un castigo a tiempo (sin llegar al abuso y a los excesos, aclara) que el encarcelamiento cuando se ha alcanzado un punto de no-retorno.
El buenismo de algunos padres los lleva a evitarles a sus hijos, casi a toda costa, cualquier contratiempo, pues ellos ya han sufrieron bastante en el pasado. Dicen que buscan para los menores todo lo que ellos no tuvieron. Es decir, casi el infinito. Esto va acompañado de tendencias que promueven la figura de los padres como “los mejores amigos de sus hijos”, que someten a los niños a sesiones de estimulación temprana para que sean “los más inteligentes” y “los más capaces”. Es decir, que los protegidos se conviertan en todo lo que sus progenitores no pudieron o no se atrevieron a ser.
Pero los criterios cambian cuando se trata de delitos por parte de menores de familias ajenas. Entonces sí, exigen penas más duras y rebajas de la edad penal. Claman contra la “humillación” que supone el conocimiento público del bajo rendimiento de los menores y a cambio proponen la cárcel, considerada incluso en Estados de derecho asentados como una efectiva escuela de crimen.
En Gran Bretaña, 2,5% de todos los prisioneros son menores de edad, según estadísticas del International Centre for Prison Studies. El número de menores por cada mil prisioneros supera al de Estados Unidos, España, Francia, Italia y Finlandia. Existe una relación entre edades penales bajas y elevados números de menores en la cárcel, según estudios de ONG. Turquía y Holanda, con edades penales de 12, tienen la más alta proporción de niños encarcelados en Europa.
Encerrar a menores que en muchos casos han padecido carencias afectivas y educativas de su entorno social supone una pérdida de esperanza en la juventud. Para muchos adultos, resulta más cómoda la permisividad absoluta durante años y las medidas drásticas cuando ya todo ha fallado.
 
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