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Diario Los Andes - Riobamba - Ecuador - Prensa - Noticias

Jueves
2 Septiembre
El pingüino PDF Imprimir E-Mail
lunes, 08 de febrero de 2010

pinguino.jpgHace un par de años, realicé con unos amigos una excursión al sur del continente. Allí, encontramos un viejo chamán que embrujó nuestras noches, contando viejas historias, ocurridas cuando el tiempo empezaba. Una de esas historias nos cuenta que el pingüino era una de las aves preferidas por los dioses que habitaban el sur de América.

En ese entonces, el pingüino era distinto de cómo lo conocemos ahora. Era un ave que surcaba los cielos alcanzando gran altura y velocidad. Su gracia y belleza hacían que los dioses detuvieran el tiempo para disfrutar de sus vuelos y sus piruetas. Su majestuosidad era indiscutible, y todas las aves soñaban parecerse a él.

 

Pero los dioses, que ven más allá de lo que los humanos ven, comenzaron a observar que, en su interior, una sombra comenzaba a crecer; la majestuosidad del vuelo lo había convertido en un ser arrogante, que despreciaba a quienes no tenían su habilidad, en particular a los peces, que eran de alimento.

 

Pronto su desprecio se convirtió en maltrato con esos pequeños seres, a los que consideraba inferiores a él. Muchas veces, disfrutaba de zambullirse con fuerza en el mar para asustarlos o arremetía a picotazos contra ellos, ya no para saciar su hambre, sino simplemente encontraba placer en matarlos y verlos flotando inermes en el mar.

 

Y como Dios todo lo ve y lo sabe, decidió intervenir brindando una enseñanza a nuestro amigo. Entonces, lo privó de aquello que tanto lo enorgullecía y le quitó la capacidad de volar. Y así fue como sus potentes alas se acortaron, su cuerpo adquirió peso y debió olvidarse para siempre del vuelo. Con mucha humildad tuvo que aprender a nadar como esos peces, a los que solía despreciar. Desde entonces su vida cambió. Abandonó sus nidos en los árboles, comenzó a buscar cobijo en huecos subterráneos y, por si esto fuera poco, fue condenado a vivir en aguas casi congeladas.

 

Desde entonces, el pingüino se volvió más reposado, junto a su compañera, que ahora la elige para toda la vida, y aprendió a nadar con tanta gracia como si fuera un pez. Los hombres comenzaron a llamarlo pájaro bobo, pero a él no le importa. Y, según, cuenta la leyenda, se transformó en un ejemplo de fidelidad, porque cuando uno de ellos muere, su pareja se interna en el mar y nunca más regresa.

 
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