|
miércoles, 10 de marzo de 2010 |
 Los seres humanos, a medida que interactuamos con nuestros padres
desarrollamos una serie de actitudes y comportamientos que, con el paso
de no mucho tiempo, se asientan para siempre en nuestra personalidad,
de ahí que el tipo de formación que comencemos a recibir marque nuestro
desarrollo personal y social; por tanto, los padres podrían optar por:
*Tratar de manera igualitaria a hijos e hijas con respecto a las tareas domésticas.
*Comprar juguetes que no fomenten la desigualdad de género.
*No usar un lenguaje discriminatorio en casa.
*Poner en práctica juegos mixtos entre hermanos y hermanas o amigos y amigas.
*Esperar lo mismo de hijos e hijas.
*Sancionar a los chicos y chicas por igual.
*Fomentar la lectura de libros que promuevan la igualdad.
*Dar ejemplo como adultos de una convivencia basada en el respeto, la ayuda, el compartir tareas, la comprensión, la tolerancia…
De esta manera sus hijos, varones, se convertirán en adultos que no fomentarán la continuidad de un pensamiento machista que, como ahora, considere que:
*Las mujeres no pueden desempeñar cargos importantes porque carecen de la autoridad necesaria.
*Las mujeres dedican menos tiempo a su trabajo porque son madres y todo su tiempo lo dedican a sus hijos.
*Las mujeres faltan más al trabajo: permisos de maternidad, enfermedades de sus hijos/as…
Hoy en día, por muy injusto que nos parezca, muchas personas y muchos empresarios piensan de esta manera.
María Rodríguez Cobos
|