| El valor de ser solidario |
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| lunes, 18 de septiembre de 2006 | |
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Fue todo un acontecimiento cuando dio sus primeros pasos; aunque fueron dos, antes que la fría baldosa se calentara con su cuerpecito. Poco a poco perdió el miedo y se olvidó de agarrarse de las mesas o las paredes para acudir al llamado de su madre. -Bititas…, le decía la mujer. Él corría presuroso y mami le estrechaba entre sus brazos, le llenaba el rostro de interminables besos y se sentía orgullosa. Los años pasaron y una noche le sorprendió arrodillado en la silla del comedor, mirando cómo forraban sus cuadernos. Papel brillante verde… Le invadía la ansiedad por ir a su primer día de clase. Para el pequeño: el más importante de su corta vida. Es imposible pasar en vela a los cinco, por eso, a Sebastián, las doce de la noche le cobijó con los rayos de una luna llena que ingresaban por la abertura de la cortina de su ventana. Ese huequito le permitía mirar también un puñado de estre- Los juegos de niño: el trompo, la perinola, la rayuela, la pelota, el carro, todos fueron guardados en el closet y hoy están empolvados. Sobreviven los buenos momentos que pasó en casa. El chocolate de la abuela, el pan con nata y azúcar, el dulce de piña, los higos con queso… Aprendió el valor del esfuerzo y que ser comedido es importante en el mundo. La honradez y discreción le sirvieron para abrir las puertas que a otros se les cerraban. Practicó la solidaridad como un principio de vida. Jamás se quedó callado y gritó a los cuatro vientos sus verdades; no se dejó de nadie, porque quería ser libre para pensar y actuar. Ser solidario le marcó para toda la vida, pero a él no le importa, porque luchó por salvar una vida; erupcionó el Tungurahua y le sorprendió corriendo detrás de la abuela María Rosa. Nunca corrió tanto, pero la misión valía la pena, no podía dejar a la mujer sola y en medio del peligro. Venció su acción al espíritu de conservación y se convirtió en héroe… en el ‘Héroe del Volcán’, como ahora lo llaman. La lava ardiendo, a más de mil grados, bajó por la ladera y se unió con el agua del río que había detenido su sonriente cauce. Antes que pudiera respirar, les alcanzó el vapor que subió hasta el cielo por la mezcla de la roca fundida en la inmensa chimenea del gigante que se despertó, con el agua, No les dio tiempo de reaccionar y sufrieron quemaduras graves. María Rosa murió pocos días después en el hospital. Nuestro Sebastián es un personaje muy querido en el país, fue trasladado a Estados Unidos para ser intervenido quirúrgicamente y nos enseñó a todos, especialmente a los niños, el valor que tiene ser cariñoso con nuestros mayores y luchar por lo que uno quiere. Como él, hay muchos niños en todo el mundo que se sacrifican por los demás y son felices. Claro, algunos salen ilesos de estas contingencias, otros -como Bititas- estarán marcados para siempre por las cicatrices que el amor por su sangre le dejaron. * Esta historia es una adaptación inspirada en Frank Baus, héroe silencioso en la erupción del volcán Tungurahua. |
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