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María Auxiliadora Benítez Dejemos en el pasado lo que le pertenece, lo que pasó pasó, nada de lo que hagamos puede remediarlo. Hay personas que lo único que quisieron es que aquellos seres que las lastimaron por lo menos lo reconocieran y pidieran una disculpa, pero esto nunca se dio, y viven con ese dolor sin darse cuenta que lo que hacen es no dejar que cicatricen las heridas y que quienes más se perjudican con esta actitud son ellas mismas, porque quizá quien provocó el daño ya ni siquiera se acuerda.
Lo sano en estos casos será limpiar nuestra mente y corazón de ese resentimiento que no nos deja en paz, perdonar independientemente de que esa persona lo merezca o no, y dejar a la Justicia Divina el ajuste de cuentas, no olvidemos que existe la ley de la compensación y todos cosechamos lo que sembramos, a la final, el Universo dará a cada ser humano lo que merece. Se puede decir que se perdonó a alguien y no desprenderse del sentimiento de frustración, dolor o pérdida que pudieron habernos provocado, vivir pendiente de las cosas que hace o deja de hacer esa persona, preocupándonos si le va bien o mal, no falta quien dice por ejemplo: "Yo le perdoné todo el daño que me hizo, eso le he dejado a Dios, pero fíjese que me contaron que le ha pasado esto o aquello" , y ese tipo de conversación se repite cada vez que tiene oportunidad con sus amistades, quienes actúan así, de alguna manera continúan atados al pasado, pues no han tomado la decisión de desligarse totalmente de aquellos que por cualquier situación les lastimaron, no pueden ocuparse completamente de su existencia, ni pueden sanar por entero sus heridas. Hay otros casos en cambio que vivimos con sentimientos de culpa por injusticias que pudimos haber cometido, y aquí nuevamente pregunto, ¿atormentándonos constantemente solucionaremos algo?, si aún podemos remediar el daño que hemos hecho, manos a la obra, por ejemplo podríamos arrepentirnos sinceramente, pedir perdón y rectificar nuestra conducta. Si es que se nos perdona, qué bueno, pero si no, habremos cumplido con nuestro deber, lo demás ya es decisión de la otra persona. No somos fantasmas para vivir en el pasado, de nada sirve llorar sobre la leche derramada, sino tomar las precauciones para que no vuelva a suceder y limpiar la zona que se manchó. Lo contrario es una pérdida de tiempo y de energías que lo único que hará es limitarnos en nuestro crecimiento interno, llenarnos de sentimientos de culpa que no nos llevan a ninguna parte, enfermarnos a nosotros y a quienes nos rodean.
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