Edición Especial
Frank Baus, una historia de solidaridad y esperanza | Frank Baus, una historia de solidaridad y esperanza |
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| viernes, 26 de enero de 2007 | |
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Fausto Bonifaz. Enviado especial a Estados Unidos Ahora Frank puede comer lo que se le antoje, caminar largas distancias sin problemas, pero aún lleva guantes especiales, buzos de manga larga y siempre una gorra para protegerse del sol. Verlo caminar es una sorpresa increíble. Frank Baus sale del elevador acompañado de su padre Fabián y juntos van a la cafetería para desayunar, en el noveno piso del Shriners Burns Hospital for Children, de Boston-Massachussets. Son días de invierno en Boston y el frío no se compara con el de Penipe; sin embargo, el joven se adaptó rápidamente. El idioma es la principal dificultad, ubicar las calles en el “Downtown” (centro de la ciudad) y las tiendas. Fue toda una aventura que le permitió descubrir otro mundo.
Cuando el joven fue trasladado de urgencia a los Estados Unidos, el 26 de agosto del 2006, las quemaduras -causadas en el 85 por ciento de su cuerpo por la erupción del volcán Tungurahua- representaban un riesgo en su vida. Permaneció cerca de dos meses en terapia intensiva, dormía la mayor parte del tiempo; hasta el momento, ha sido sometido a 10 cirugías reconstructivas, con injertos de piel y dos de rayos láser, para borrar las cicatrices. “Eso era terrible, porque el cuerpo de Frank quedaba muy resentido”, señala su padre Fabián, quien está a su lado para apoyarlo en la recuperación. En nueve semanas, las cirugías fueron programadas cada ocho días, le extraían piel de los brazos para injertarlas en las piernas y por eso debía permanecer sedado casi todo el tiempo. Los brazos quedaban muy adoloridos; la piel delicada, por las curaciones, y mientras se recuperaba, poco a poco le quitaban los sedantes. Ahora ya camina, pero necesitará regresar en el futuro para completar el proceso de rehabilitación. “Frank va a necesitar muchas operaciones más en los próximos tres años, y tengo la certeza de que va a recuperarse muy bien”, dice el doctor Sheridan, especialista encargado del caso. Toca esperar Los médicos hablan muy poco con los pacientes y sus padres, no predicen el futuro; prefieren esperar y ver cómo evolucionan sus pacientes. Según eso, pueden adelantar lo que sucederá la próxima vez que alguien ingrese de nuevo al quirófano. Cuando aún seguía hospitalizado, el 23 de septiembre, Frank celebró sus17 años rodeado por el personal médico, pacientes y su padre, quienes le prepararon un pequeño festejo. Luego recibió una agradable sorpresa: estuvo a visitarle “ Pasó tres semanas en rehabilitación; cuando salió del hospital, fue hospedado -junto con su padre- en el Constitution Inn. Hotel, situado a 10 minutos del Hospital, en el barrio de Charlestown, al noreste de Boston. Así la rutina cambió, durante todas las mañanas, Frank y su padre se levantan muy temprano para tomar el bus y llegar al Hospital. Cada lunes, martes y jueves se presenta en la sala de fisioterapia para ejercitar sus músculos. Desde el 11 de diciembre, los lunes, miércoles y viernes toma clases de matemáticas y guitarra. Durante la época navideña, Annete Witehead le enseñaba los acordes de famosos villancicos en inglés. “La materia principal para estudiar en Estados Unidos es las matemáticas, pienso que debo estar nivelado con lo que es allá (en Ecuador), no experto, pero más o menos”, dice Frank sobre sus estudios. Un día a la semana, previa cita, pasa en lo que se conoce como clínica, donde los médicos observan la evolución de las cirugías. La adaptación Para Fabián Baus, el padre de Frank, no fue problema adaptarse a Boston. Las calles empinadas le recuerdan al Panecillo y Boston es la capital y la mayor ciudad de Al pasar frente al City Hall de Boston, el Salón de “Me gusta un montón de cosas y la tecnología es buena y barata, al contrario de otras cosas”, dice Frank, pues en una ocasión se admiró por un abrigo de piel valorado en más de 17 mil dólares. Por eso, es mejor visitar “Radio Shack”, donde puede encontrar todo tipo de artefactos electrodomésticos, computadoras, cámaras digitales de fotografía, televisores gigantes de pantalla plana o los videojuegos, que tanto le gustan. La cirugía a la que debía someterse Frank el 9 de enero fue suspendida un mes. “Entonces, ahí hablaremos con el médico”, dice su padre, quien dice no tener una fecha exacta para su regreso al país. La decisión debe ser consultada con los familiares, porque Frank debe volver a estudiar a Ecuador, es posible que Luz Villavicencio, su madre, le acompañe durante las vacaciones o tal vez en la época de Navidad. El sol se apaga cerca de las cinco de la tarde en Boston. Las luces de la ciudad se encienden y Frank Baus recorre un poco más el Downtown, maravillado por el colorido de las vitrinas en los centros comerciales. La jornada está por terminar y Frank regresa al hotel para mirar televisión o escuchar un poco de música antes de dormir. La ciudad no descansa, pero Frank debe reponer fuerzas para regresar al hospital y reanudar la rutina médica que le devolvió la vida y la esperanza de vivir. |
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