EDICIÓN ESPECIAL
La tradición de la abuela, mantiene unida a la familia | La tradición de la abuela, mantiene unida a la familia |
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| lunes, 29 de enero de 2007 | ||||||
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La brisa del Océano Atlántico golpea a poca distancia, el eco de las olas y el canto de las gaviotas son lo único que se escucha en las calles de Lawrence. Se ven desoladas, pocos autos circulan y las tiendas están repletas de personas que a última hora buscan un regalo para En el umbral de su casa, Vicente Serrano, profesor ecuatoriano que emigró junto a su familia hace más de 27 años, está preocupado porque este invierno no es normal, hace mucho calor. - Ya era hora de que esté nevando- el año pasado estaba todo blanco, se lamenta el hombre, de aproximadamente 60 años de edad, que un día decidió abandonar la provincia de Cañar en busca del “Sueño Americano”. Junto a su esposa Piedad, prepararon todo para recibir a sus familiares en estas fiestas. Varios de sus allegados viajaron desde otras ciudades de los Estados Unidos, e incluso algunos de sus familiares pudieron juntar algo de sus ahorros para celebrar con ellos Para Frank es muy querido por la familia Serrano, recibió muchos regalos Al pie del altar se colocan los regalos como una costumbre practicada en la provincia de Cañar - Ecuador. Es que él (Albino) es el prioste del Divino Niño para este año-, dice el dueño de casa antes de contestar el teléfono. Es la llamada que esperaba, toma su chompa y las llaves del carro y sale presuroso. A No pasó mucho tiempo y atravesó de nuevo la puerta trasera de la casa, entró a la cocina con sus invitados. A los pocos minutos, el párroco de la localidad estuvo presente en el hogar para oficiar La tarde empezó a caer y por arte de magia el cielo fue cubierto por un gran manto negro, sin estrellas. Así es el invierno de Norte América, las tardes son muy cortas y la jornada diaria empieza muy temprano. A las cuatro y media es normal que se apague el sol. La nostalgia de la tierra El inglés invade la casa de los Serrano, el padre de Frank encuentra maneras de comunicarse. Frank, siempre con la mirada distante, la cabeza inclinada y sus manos sobre las rodillas, no habla mucho. -Acá faltan muchas cosas de La sala principal se inunda de risas, luces que se prenden y apagan iluminando con breves destellos el pesebre, las tarjetas que cuelgan en los marcos de las puertas, es parte de la decoración de este hogar. -Es costumbre que a uno le envíen muchas tarjetas, si no hay más de cincuenta empiezo a preocuparme-, dice entre risas Vicente. Elisa Olivo, que vive a pocas cuadras en Lawrence, junto a sus hijos William, Roberto, Marcelo y Édison son los primeros en dejar sus regalos al pie de un altar, confeccionado por la familia Serrano para esta ocasión. Le siguen Nancy y su hija Paulina. Desde Carolina del Norte, llegó Carmen, la tercera hermana de doña Piedad, casada con Ángel Guananga y sus hijos Mauricio y Rolando, luego de conducir por más de 15 horas en la carretera. Una misa “casera” Con puntualidad llega el Padre Jorge, sacerdote dominicano, que esa noche tendrá que hacer muchas visitas y para dividir bien las hostias pregunta con anterioridad las personas que van a comulgar. -No estoy listo, debo confesarme primero-, menciona Frank que rechaza amablemente la invitación que le hace su padre para realizar la comunión. La ceremonia inicia con una plegaria por el descanso eterno del alma de Carmelina Merino, abuela de Frank. Con mucha devoción se elevan las plegarias y la homilía transcurre en un ambiente de paz, tranquilidad, respeto, ternura y lagrimas reprimidas. Al final, el Padre Jorge debe seguir su camino y la fiesta toma otro rumbo. En el subsuelo, está preparado otro ambiente, suenan las últimas bachatas de moda; en un rincón, un barril de cerveza, algunas botellas de vino y wisky para cerca de 30 personas que llegaron ese año para compartir la tradición de la familia Serrano. Fue Gerardina Rodas, abuela de Albino Serrano, quien organizaba en Cañar el Pase del Niño y un altar con regalos, como ofrenda al Divino Niño Jesús. -Quiero llevar esta tradición, le dije a mi esposa y fue su abuela Teresa quien nos trajo un niño desde Ecuador y dijo: “aquí está para que ustedes no se olviden de la tradición”. Ya son cuatro años y el altar cada año duplica los regalos que los invitados deben escoger y devolver al año siguiente. A ritmo de bachata Unos, dos, tres y al frente. Uno, dos, tres y al frente…repite Mónica en cada paso que da, tratando que Vincent Jr. agarre el paso de las bachatas de Aventura, el grupo de Puerto Rico que está de moda entre los hispanohablantes que viven en todos los rincones de los Estados Unidos. -¿Y tú no bailas Frank?- -Si, pero no puedo ahora… Su pierna derecha aún no tiene la fuerza suficiente para sostener una larga pieza de baile, en el hospital donde curan sus heridas, se guardan aún reservas sobre el estado de su miembro inferior. -Bailo de todo, pero más me gustan las galas-, dice sonriendo un poco para contestar y salir del apuro. Tampoco toma, nunca lo ha hecho y no le atrae para nada el alcohol. Sus ojos son un destello en la oscuridad, la visera de la gorra que sólo se quitó durante la misa, lo mantiene en el anonimato. Eso no es posible, lo consideran un integrante más de la familia y eso se nota cuando empieza, ordenadamente, la distribución de regalos. Es el fin de una larga velada, los amigos, parientes, invitados y dueños de casa…poco a poco se retiran a descansar. Muchos deben regresar a trabajar, sólo hubo un día libre y en la carretera hay que estar muy atento para no provocar que la policía les ponga un “ticket gigante” (multa). Para el año próximo ya se han designado a los nuevos padrinos…
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