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María Auxiliadora Benítez Las cosas de este mundo son tanto más buenas cuanto más sencillas. Nos pierde la obsesión por aparentar que somos importantes, y retorcemos todo creyendo que con ello destacamos. Es lo contrario, lo mediocre son los perifollos; lo estéril, es lo enrevesado. Las personas son tanto menos felices cuanto más ponen la felicidad en cosas difíciles. En cambio, lo sencillo, al ver las cosas como son, el disfrutar de lo pequeño, el preferir ser amable al ser ilustre, el querer a los demás sin preguntarse mucho si lo merecen o no, todo eso es lo que va llenando nuestra alma de alegría. J.L. Martín Delgado
En esta época de grandes y constantes cambios en todas las áreas en que nos desempeñamos, se nos exige estar preparados para enfrentarlos, ya que los mismos cada día son mayores, rápidos, violentos y traumáticos, ligados a un ambiente de incertidumbre y competitividad que no se había tenido antes, esto motivado por la globalización que le impone todo tipo de exigencias a las organizaciones, ocasionando riesgos a su capital humano sin tomar en cuenta nuestra salud física y emocional, buscando solamente el desarrollo, el talento y la productividad como tal. Recordemos que principalmente somos seres humanos, con necesidades y metas, lo aceptemos, o no conscientemente. Uno de los requerimientos urgentes de satisfacer es el vacío de sentimientos y caricias que podemos no prestarle atención, pero que está allí impidiéndonos desarrollar todo el potencial que poseemos ya que esto determina y organiza los procesos mentales además del comportamiento total dirigido a nuestros logros. La competencia de una persona, depende de su equilibrio intelectual – lingüístico, emocional y corporal, lo cual eleva los niveles de perfección en nuestro diario vivir, ayudándonos a llevar la vida que merecemos y deseamos. No importa cuán mayores y expertos seamos, lo bien formados académicamente que nos sintamos, siempre habrá un camino para mejorar, para evaluar, para iniciar, para dirigir nuestra misión de vida y nuestros valores dentro de nuestra familia, nuestra profesión y nuestra sociedad, cuidándonos de no desatender nuestra parte humana de emociones y valores que son la columna vertebral que nos sostendrá en los momentos de crisis. Recordemos que los logros deben buscarse primero en nuestra vida personal para que luego se reflejen en nuestra vida profesional, es la única manera de sentirnos satisfechos con los avances que vamos obteniendo, caso contrario todo esfuerzo será vano. |