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Diario Los Andes - Riobamba - Ecuador - Prensa - Noticias

Lunes
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Semana Santa. Domingo de Resurrección PDF Imprimir E-Mail
lunes, 16 de abril de 2007

La Resurrección es fuente de profunda alegría.  A partir de ella, los cristianos no podemos vivir más con caras tristes. Contempla los lugares donde Cristo se apareció después de su Resurrección.El Domingo de Resurrección o de Pascua es la fiesta más importante para todos los católicos, ya que con la Resurrección de Jesús adquiere sentido toda su religión. Cristo triunfó sobre la muerte y con esto nos abrió las puertas del Cielo. En la Misa dominical se recuerda esta gran alegría. Se enciende el Cirio Pascual que representa la luz de Cristo resucitado y que permanecerá prendido hasta el día de la Ascensión, cuando Jesús sube al Cielo.

La Resurrección de Jesús es un hecho histórico, cuyas pruebas, entre otras, son el sepulcro vacío y las numerosas apariciones de Jesucristo a sus apóstoles. Hoy celebran su propia liberación, la derrota del pecado y la muerte.

Aquì encuentran la clave de la esperanza cristiana: si Jesús está vivo y está junto a nosotros, ¿qué podemos temer?, ¿qué nos puede preocupar? Cualquier sufrimiento adquiere sentido, pues están seguros de que, después de una corta vida en la tierra, si han sido fieles, llegarán a una vida nueva y eterna.

San Pablo dice: “Si Cristo no hubiera resucitado, vana seria nuestra fe” (I Corintios 15,14)

Si Jesús no hubiera resucitado, sus palabras hubieran quedado en el aire, sus promesas sin cumplirse y dudarían que fuera realmente Dios. Pero, como Jesús sí resucitó, entonces saben que venció a la muerte y al pecado; saben que Jesús es Dios, que resucitarán también, que ganó para todos la vida eterna.

Es una luz para los hombres y cada cristiano debe irradiar esa misma luz a todos los hombres haciéndolos partícipes de esta alegría por medio de sus palabras, testimonio y trabajo apostólico.

¿Cómo se celebra el Domingo de Pascua?

Con una Misa solemne en la cual se enciende el Cirio Pascual, que simboliza a Cristo resucitado, luz de todas las gentes. En algunos lugares, muy por la mañana, se lleva a cabo una procesión que se llama “del encuentro”. En ésta, un grupo de personas lleva la imagen de la Virgen y se encuentra con otro grupo que traslada la imagen de Jesús Resucitado, como símbolo de la alegría de ver vivo al Señor.

En algunos países, se acostumbra celebrar escondiendo dulces en los jardines, para que los niños pequeños los encuentren, con base en la leyenda del “conejo de pascua”.  Otra costumbre extendida en el mundo para celebrar la Pascua es regalar huevos de dulce o chocolate a los niños y a los amigos.

A veces, ambas tradiciones se combinan y, así, el buscar los huevitos escondidos simboliza la búsqueda de todo cristiano de Cristo resucitado.

Los “huevos de Pascua”

El origen de esta costumbre viene de los antiguos egipcios, quienes acostumbraban regalarse en ocasiones especiales, huevos decorados por ellos mismos. Los arreglaban con pinturas que sacaban de las plantas y el mejor regalo era el huevo que estuviera mejor pintado. Ellos los ponían como adornos en sus casas.

Cuando Jesús se fue al cielo después de resucitar, los primeros cristianos fijaron una época del año, la Cuaresma, cuarenta días antes de la fiesta de Pascua, en la que todos debían hacer sacrificios para limpiar su alma. Uno de estos sacrificios era no comer huevo durante la Cuaresma. Entonces, el día de Pascua, salían de sus casas con canastas llenas para regalar a los demás cristianos.  Todos se ponían muy contentos, pues recordaban que festejaban la Pascua.

Poco a poco, surgieron nuevas ideas, como hacer huevos de chocolate y de dulce para regalarlos.

El “conejo de Pascua”

Su origen se remonta a las fiestas anglosajonas pre-cristianas, cuando el conejo era el símbolo de la fertilidad asociado a la diosa Eastre, a quien se le dedicaba el mes de abril. Progresivamente, se fue incluyendo esta imagen a la Semana Santa y, a partir del siglo XIX, se empezaron a fabricar los muñecos de chocolate y azúcar en Alemania, dando origen también a una curiosa leyenda que cuenta que, cuando metieron a Jesús al sepulcro que les había dado José de Arimatea, dentro de la cueva había un conejo escondido, que muy asustado veía cómo toda la gente entraba, lloraba y estaba triste porque Jesús había muerto.

El conejo se quedó viendo el cuerpo de Jesús cuando pusieron la piedra que cerraba la entrada y lo veía y lo veía preguntándose quièn sería ese Señor a quien querían tanto todas las personas. Así pasó mucho rato, viéndolo; todo un día y toda una noche, cuando de pronto, el conejo vio algo sorprendente: Jesús se levantó y dobló las sábanas con las que lo habían envuelto. Un ángel quitó la piedra que tapaba la entrada y Jesús salió de la cueva ¡más vivo que nunca!

El conejo comprendió que Jesús era el Hijo de Dios y decidió que tenía que avisar al mundo y a todas las personas que lloraban, que ya no tenían que estar tristes porque había resucitado.

Como los conejos no pueden hablar, se le ocurrió que si les llevaba un huevo pintado, ellos entenderían el mensaje de vida y alegría y así lo hizo. Desde entonces, cuenta la leyenda, el conejo sale cada Domingo de Pascua a dejar huevos de colores en todas las casas para recordarle al mundo que Jesús resucitó y que hay que vivir alegres.

 
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