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Cuando en la pareja se empieza a utilizar técnicas para controlar, manipular y desvalorizar al otro, cuando se pierde el respeto, el amor, la plenitud y la delicadeza, es urgente buscar enseguida una solución, caso contrario podemos caer en un laberinto que amenazará con destruir nuestra salud física y emocional. La definición de la palabra adicción nos dice que es una afición desmedida por algo.
Esta afición puede dominar a la persona impidiéndole ver con objetividad si se está haciendo daño a sí misma, pues lo más importante para un adicto es tener aquello que considera imprescindible para llevar una vida "normal". De las cartas que me envían al correo electrónico, el 90% tiene que ver con problemas sentimentales, de ese porcentaje el 70% corresponde a mujeres. Algo que me ha llamado la atención es cómo los hombres -al igual que las mujeres- utilizan la frase "es que yo le amo" para justificar su permanencia en relaciones que afectan su dignidad y los humilla como seres humanos. ¿El verdadero amor pone límites? No podemos amar a alguien que no nos inspira respeto, admiración, confianza; a alguien con quien no nos sentimos aceptados, que no podemos mantener una comunicación sincera o no compartimos los mismos valores; a alguien por quien nos sentimos maltratados y desvalorados. Esto sería lo lógico; sin embargo, es muy común ver cómo existen personas que son rebajadas a diario en su autoestima por sus parejas. Que son maltratadas -ya sea física, psicológica o sexualmente- pero se les hace muy difícil terminar con estas relaciones y se sumergen en un círculo vicioso de amor y odio, de ofrecimientos de cambio de actitud que duran muy poco, para luego ir al “borra y va de nuevo”; son relaciones desgastantes, frustrantes, que limitan e, incluso, hacen retroceder a quien se ve envuelto en ellas. Lo sano sería protegerse, buscar ayuda, poner límites, pero éstas son relaciones enfermizas en donde, pese al maltrato, la dependencia va en aumento con el tiempo; la víctima sabe que debe alejarse pero no tiene el valor de poner el final y, si lo hace, cede ante los intentos de reconciliación de su pareja, aun cuando no existan garantías claras de un cambio para mejorar su calidad de vida en conjunto. Muchas veces los hijos son utilizados como una excusa para mantener una forma de relacionarse que resultaría inaceptable para alguien con una autoestima sana, de esta manera se pone sobre los hombros de los chicos una carga demasiado pesada, responsabilizándolos por el "sacrificio" que hace el padre o la madre para darles un hogar en el que la figura materna o paterna no falten, aunque la armonía, el respeto, la delicadeza, el buen ejemplo estén muy lejos de experimentarse en esa familia. Ésta es una actitud que se toma para evadir la responsabilidad de tomar la decisión de liberarse de la adicción a aquella persona que sabemos nos destruye lentamente, pero que es como una droga que nos hace daño aunque la necesitamos. Cuando estamos involucrados en una relación dependiente, no creemos tener las fuerzas suficientes para liberarnos de un comportamiento que amenaza con destruir nuestra existencia, que afecta grandemente la estabilidad emocional de nuestros hijos y parientes, que viven en constante zozobra por nuestros problemas. Si usted está atravesando por una situación así, dialogue con su pareja para buscar formas de re-direccionar su vida en común, apoyándose mutuamente en la corrección de los errores que están afectando la posibilidad de lograr una convivencia enriquecedora que los lleve a crecer y a superarse el uno por el otro, no el uno contra el otro. En el caso de que su pareja se niegue a insertar cambios, o simplemente prometa y no cumpla, busque ayuda para usted, para aprender a valorarse, respetarse, amarse y protegerse de situaciones que le lleven a rebajar su dignidad de ser humano, recuerde que quien no se ama a sí mismo, perdió la regla de oro para amar a los demás; si usted decide mantener una relación en la que el maltrato es lo cotidiano, no repita esa frase tan trillada "es que lo amo", ya que puede ser cualquier cosa, pero le aseguro que amor no es. María Auxiliadora Benítez MÁSTER EN CONSEJERÍA FAMILIAR Y PROFESIONAL CONSULTAS EN RIOBAMBA LOS DÍAS JUEVES CITAS AL 02-2479826 - 099172617 Email:
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