|
En 1831 Prosper Mérimée se refería a una sala reservada del Museo del Prado, como un “espacio que contenía todas las desnudeces que hubiesen podido asustar a las damas que lo visitasen”. El se refería a la sala reservada del Museo del Prado, donde se encontraban encerradas obras de arte de grandes maestros como Tiziano, Durero, Rubens o Poussin.
La existencia de esta sala fue de once años entre 1827 y 1838, pero para la mayor parte de los cuadros, ese fue solo un período más entre los muchos episodios de censura que tuvieron. La obra “Dánae” de Tiziano, cuenta que la protagonista del cuadro fue encerrada en una torre para que no se cumpliese la profecía de muerte que caía sobre ella, el destino se cumplió y en efecto, la obra fue encerrada en salas especiales con un acceso sumamente restringido. En su época ciertos monarcas la exhibieron y muchos otros la censuraron bajo justificativos peyorativos atentatorios contra la religión y la moral.
En el Alcázar de Madrid también existía una sala que Felipe IV” visitaba después de comer”, dedicado a su uso íntimo y de sobremesa. Esta sala exhibía cuarenta pinturas de Tiziano de una altísima calidad, además habían otros cuadros de Tintoretto y Veronés, todas las obras tenían como común denominador la inclusión del desnudo. Gran parte de los cuadros eran encargados por el propio rey o por compras directas, sin embargo no todos los cuadros estaban destinados a la reclusión, algunos de Rubens formaban parte de la decoración de espacios del palacete, pues tenían desnudos que hacían referencia a temas mitológicos. En estos siglos se puede demostrar hasta que punto el desnudo fue un tema conflictivo que se consideraba desestabilizaba los preceptos moralistas y de comportamiento regidos por la época. La acción inicial de la prohibición de varios cuadros se dio en el reinado de Carlos III, en 1762 cuando el decidió seleccionar las pinturas mas lascivas de su colección para quemarlas, queriendo desterrar así cualquier objeto pernicioso para la moral pública. La Dánae en aquel tiempo ya no fue un secreto íntimo de los monarcas anteriores sino fue un verdadero peligro, dejó de habitar en santuarios de pintura y pasó a ser perseguida y destinada a vivir en auténticas cárceles. Algunos de los cuadros condenados lograron salvarse en éste reinado cuando el guía espiritual del reinado bajo argumentos de aprendizaje del color y dibujo presionó al rey para que desechase sus propósitos purificadores.
Tiempo después, José Bonaparte puso fin a la prohibición y exhibió las obras en varios espacios destinados para tales fines. En 1827 los cuadros fueron reclamados por el Museo y once años después se los integró a las salas generales de exhibición. Pero la suerte de la Dánae no mejoró con la disolución de la sala, porque este cuadro tuvo que compartir todavía paredes con la obra “Venus ,el amor y la musica” de Tiziano en otra sala privada antes de su libertad definitiva. |