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César Naranjo Erazo La nueva legislación confería el poder ejecutivo a un Directorio, formado por cinco miembros llamados directores. El poder legislativo sería ejercido por una asamblea bicameral: el mandato de un director y de un tercio de la asamblea se renovaría anualmente a partir de mayo de 1797, y el Derecho al Sufragio quedaba limitado a los ontribuyentes que pudieran acreditar un año de residencia en su distrito electoral. La nueva Constitución incluía otras disposiciones que demostraban el distanciamiento de la democracia defendida por los jacobinos: este régimen no consiguió establecer un medio para impedir que el órgano ejecutivo entorpeciera su desempeño, lo que provocó constantes luchas por el poder entre los miembros del Gobierno, sucesivos golpes de estado y fue la causa de la ineficacia en la dirección de los asuntos del país.
Sin embargo, la Convención Nacional, que seguía siendo anticlerical y antimonárquica a pesar de su oposición a los jacobinos, tomó precauciones para evitar la restauración de la monarquía promulgando un Decreto Especial que establecía que los primeros directores y dos tercios del cuerpo legislativo habían de ser elegidos entre los miembros de la Convención. Los monárquicos parisinos reaccionaron violentamente contra este Decreto y organizaron una insurrección el 5 de octubre de 1795. Este levantamiento fue reprimido con rapidez por las tropas mandadas por el general Napoleón Bonaparte, que más tarde sería emperador de Francia con el nombre de Napoleón 1 Bonaparte: el régimen de la Convención concluyó el 26 de octubre y el nuevo gobierno, Constitucional, entró en funciones el 2 de noviembre, tropezando con diversas dificultades, a pesar de la gran labor que realizaron políticos como Charles Maurice de Talleyrand-Périgord y Joseph Fouché. Muchos de estos problemas surgieron a causa de los defectos estructurales inherentes al aparato de gobierno; otros, por la confusión económica y política generada por el triunfo del conservadorismo. El Directorio heredó una grave crisis financiera, que se vio agravada por la depreciación de las asignaciones, en un 99% de su valor, y aunque la mayoría de los líderes jacobinos habían fallecido, su espíritu pervivía aún entre las clases bajas. Las agrupaciones políticas burguesas, decididas a conservar su situación de predominio en Francia, por la que tanto habían luchado, no tardaron en apreciar las ventajas que representaba reconducir la energía desatada por la población durante la Revolución hacia fines militares, y la manipularon. Las derrotas militares sufridas por los ejércitos franceses en el verano de 1799, las dificultades económicas y los desórdenes sociales pusieron en peligro la supremacía política burguesa en Francia: una enorme gesta que finalmente, consolidó un nuevo sistema político, administrativo y jurídico, invocada por nuestros criollos "revolucionarios" para justificar los actos vandálicos que por consuetudinarios, han condenado a una buena parte de Latinoamérica a la pobreza y a la postración económica y cultural. |