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César Naranjo Erazo
Enfebrecidos manifestantes -por cierto, luciendo buenas ropitas- se habían tomado la carretera que une Riobamba con Ambato, y exactamente en el límite provincial, hubo que de resolver el dilema de volvernos atrás y regresar, o caminar el trecho que sea necesario para abordar algún vehículo que nos pudiese conducir al lugar de nuestro destino. Las hileras de automotores, pequeños, medianos y pesados fueron extendiéndose a través del páramo de Urbina, así que en medio de gritos tan ilustrativos como: "carro que pase será rotos sus vidrios", algunos de nosotros decidimos aventuramos a caminar "hacia el otro lado de la frontera provincial".
Ahí nos enteramos de que se trataba de una combativa medida de hecho destinada a concienciar en la ciudadanía acerca del peligro de perder sus puestos de trabajo ante las declaraciones del Sr. Presidente del Ecuador (que era apenas un Proyecto) de emprender en cambios en las estructuras de los organismos seccionales: eran empleados y empleadas administrativos (as) del H. Consejo Provincial de Chimborazo que a esa hora de la mañana habían colocado en la vía, rocas de diverso tamaño para impedir el tráfico vehicular. ¡Y claro que los entendemos! Cómo no hacerlo...
No hay derecho -nos decíamos- a bregar de esta manera por sostener un oprobioso sistema en el que los privilegios, las prebendas y la inequidad subsiste en muchas corporaciones que a título de autonómicas, prevalecen por sobre el ecuatoriano medio, incluso, y desde luego, por sobre aquellos que sobreviven sub empleados o simplemente desempleados. De la misma manera, no había derecho a obstaculizar el tránsito y a impedir la movilización de los ciudadanos que por estudios, trabajo, comercio o turismo utilizamos el transporte público o personal para viajar, si el propio Mandatario había garantizado el respeto a sus plazas de trabajo. Filosofando un poco y navegando por los vericuetos de la política, ateridos de frío y resignados, nos aventuramos a preguntar si no sería que están luchando por defender la vigencia de los contratos colectivos y el sindicalismo, a costa de la violación de nuestros derechos, y nos respondieron que era un asunto ciudadano "que a todos nos atañe": un conductor sportman, buen samaritano, él, nos trasladó hasta el peaje de San Andrés y de ahí tomamos otro automotor que nos dejó en el by pass, sitio en el cual cada uno tomó un taxi que raudo, nos llevaría a nuestro destino final.
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