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Una energía cargada de futuro |
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viernes, 29 de febrero de 2008 |
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José A. Fernández Carrasco
El desarrollo de la energía solar en 2007 muestra un futuro brillante, según Greenpeace. El mercado mundial creció un 40% y en 2015 competirá en algunas zonas con la energía tradicional. A pesar del tiempo perdido, la naturaleza arroja aún más luces sobre cuál es la mejor alternativa en la transición hacia una economía baja en emisiones contaminantes.
Las energías renovables han cubierto la mayor parte de las necesidades del hombre hasta el siglo XIX, cuando fueron sustituidas por la explotación del carbón, y desde 1950 por el “oro negro”. Mientras aumentan las amenazas geopolíticas sobre el suministro de petróleo, suben los precios y éste llega a su fin, cada día es más evidente cuánto ha influido esta barbarie sobre el medio ambiente. Todos los estudios han corroborado algo que: la naturaleza se venga siempre. En cambio, los gobiernos no parecen capaces de encontrar una solución. Por ahora, las inversiones en investigación y desarrollo (I+D), tanto públicas como privadas, no están en consonancia con las necesidades urgentes de los retos a superar.
Se han perdido demasiados fondos y tiempo en adaptar la energía tradicional. Los expertos han reiterado sus preocupaciones acerca de los biocombustibles como posibles sustitutos, tanto por las consecuencias que esto tendría para la alimentación de millones de personas como por el ínfimo rendimiento respecto a los gastos energéticos que exige su obtención. Por eso la Unión Europea se replantea ahora la idea de cubrir hasta un 10% del combustible para transportes en 2020 con bioetanol y biodiesel.
Y, del mismo modo, alternativas como las cámaras para captura y almacenaje de CO2 llevan a pensar que nos estamos volviendo locos. A las dificultades para encontrar un método seguro de eliminación se añaden la contaminación de aguas subterráneas y otros efectos; un precio a pagar demasiado alto.
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