CHIMBORAZO
Un grupo de 30 mujeres de la comunidad indígena La Moya, en Chimborazo, está apostando por la tradición como una herramienta de desarrollo sostenible. A través del taller “Teñido con Productos Orgánicos en Fibras Naturales”, estas mujeres no solo aprendieron técnicas ancestrales de tintura textil, sino que también fortalecieron su autonomía económica y su vínculo con el entorno natural.

La actividad se enmarca en el proyecto “Autodeterminación de las Mujeres y Niñas de la Comuna La Moya”, liderado por la Fundación Arte Nativo Flores Franco, con el apoyo financiero del Ministerio de Relaciones Internacionales y de la Francofonía de Quebec, y el Centro de Solidaridad Internacional del Saguenay–Lac-Saint-Jean (Canadá). El objetivo: rescatar saberes tradicionales y transformarlos en alternativas viables para el presente.
Durante el taller, guiado por las expertas Diana Hurdo y Kinti Samay, del pueblo Quisapinlla (Tungurahua), las participantes aprendieron a extraer pigmentos de plantas locales como flor de ñagcha, eucalipto, romero y arrayán. Estos tintes naturales fueron aplicados a lana de alpaca mediante técnicas de decocción, generando una paleta de colores terrosos y cálidos, alineados con la estética andina.
Pero más allá del color, el enfoque fue estructural: se promovió una forma de producción responsable, que reduce el uso de químicos industriales y aprovecha los recursos del entorno sin dañarlo. Se trata de una propuesta vinculada a los principios de la economía circular, con potencial en sectores como el turismo comunitario y el comercio justo de textiles.
“Este tipo de iniciativas no solo rescatan el conocimiento ancestral, también abren puertas a nuevos mercados y formas de organización comunitaria”, explicó una de las organizadoras. “Aquí no solo se tiñe lana, se tiñen procesos de cambio”.
Además del impacto productivo, el taller reforzó la conciencia ecológica y la identidad cultural de las participantes. En un contexto donde la industrialización textil ha homogeneizado los procesos y degradado el ambiente, la recuperación de técnicas tradicionales se presenta como una respuesta concreta y aplicable desde lo local.
La experiencia en La Moya es parte de una tendencia creciente en comunidades rurales del país: la revalorización de la memoria como recurso. En este caso, la tradición textil andina se convierte no solo en patrimonio vivo, sino en estrategia para afrontar los desafíos económicos, ambientales y sociales del presente.
Con resultados visibles tanto en las prendas como en la cohesión comunitaria, el taller ha demostrado que la sostenibilidad no es solo una meta global, sino una práctica que puede nacer y florecer desde lo ancestral.