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domingo, agosto 31, 2025

Palabra Expedita Señor Trump, libere a Venezuela… con ciertos matices

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Por: Iván Menes Aguirre

Venezuela vive, desde hace más de una década, encorsetada por una dictadura férrea, la de Nicolás Maduro. Por la estulticia del dictador y sus acólitos, millones de venezolanos han tenido que huir de su patria en búsqueda de días mejores. Lo cierto es que, ahora mismo, el gobierno estadounidense ha desplegado ocho buques de guerra en aguas internacionales, a escasos kilómetros del país sudamericano. Agotadas las esperanzas de una rebelión intestina que expectore a Maduro de su usurpación, cabe preguntarse si el señor Trump está ejecutando una maniobra intimidatoria o si, en cambio, está dispuesto a concretar una operación militar con la capacidad de destronar al autócrata.

La interrogante neurálgica en todo este asunto es si Estados Unidos tiene la legitimidad para remover a Maduro del poder, so pretexto de que su mandato es espurio —todos recordamos el monumental fraude perpetrado en las elecciones del año pasado—. Lo cierto es que, más allá de legitimidades, la narrativa estadounidense contiene un ingrediente poderoso y casi inusitado anteriormente: la cuestión del narcoestado. Según los gringos, con su fiscal Pamela Bondi a la cabeza, el régimen de Maduro no solo es represivo desde lo político, sino que también regenta un entramado de drogas que deriva en envíos de toneladas de sustancias hacia Estados Unidos. Ya en 2020, por esta causa, el gobierno norteamericano fijó una recompensa por la captura del dictador, la cual se duplicó este año. ¿Cómo podría defenderse, en este punto, a un gobierno inexorablemente represivo, que ejerce su poder únicamente por la fuerza de las bayonetas —y no por la voluntad popular— y que, encima, presuntamente ha erigido un cartel aupado desde el propio Estado?

Ahora bien, señor Trump, quedan dos salvedades antes de una incursión militar. La primera es que el gobierno estadounidense tendrá que presentar evidencia incontestable de que el dictador Maduro no es solo un autócrata, sino también un potentado traficante, y que además usa al Estado venezolano para sus acciones criminales —lo cual, desde luego, no sorprendería en caso de que todo esto sea cierto—. Sin lo antedicho, cualquier justificación ante la comunidad internacional perderá brío, como sucedió cuando Busch hijo se animó a derruir la tiranía de Sadam Hussein en Irak, con argumentos que terminaron siendo argucias. La otra salvedad es que habrá que diseñar un plan para cuando colapse el chavismo. Haría muy mal Estados Unidos en condenar a Venezuela a la misma suerte de caos que sufrieron Libia o la propia Irak. El derribamiento de Maduro y Cabello debería asimilarse, más bien, a la caída de Noriega en Panamá, cuando Busch hijo descubrió que aquel generalote se dedicaba al tráfico masivo de alcaloides. 

Señor Trump… no dude en liberar a Venezuela, siempre que tenga garantía de que lo hará bien: sin derramamiento de sangre inocente, por supuesto, y con un viso democratizador y soberano para el país llanero.      

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