La Copa Ecuador, en su esencia más pura, nació para dar voz y protagonismo a equipos y jugadores que rara vez ocupan los titulares de los grandes diarios. Manuel “Manuco” Mendoza, arquero de Liga de Portoviejo, escribió una de las páginas más conmovedoras del torneo 2025: con una atajada en la tanda de penales ante Macará, selló la clasificación de “La Capira” a los octavos de final y rompió en llanto.

La noche en el estadio Reales Tamarindos fue la confirmación de que el fútbol, en su versión más auténtica, todavía premia el sacrificio y la resiliencia. Tras un empate sin goles en los 90 minutos, la definición desde los doce pasos parecía no terminar. Hasta que Mendoza, veterano de 36 años, se lanzó a su izquierda para tapar el remate de Jordan Mohor y desató la locura en Portoviejo.
El llanto del arquero se llevó la atención de la prensa gráfica. Detrás de sus lágrimas había una historia personal de superación. Apenas un mes y medio antes, Mendoza había perdido a su madre, y en cada intervención bajo los tres palos carga con esa ausencia.
“Somos de Segunda, pero tenemos corazón de Primera. Mi mamá se murió hace mes y medio y me ha tocado jugar, es duro, pero hay que seguir”, declaró entre sollozos, conmoviendo incluso a rivales y periodistas presentes, en la Primera Fase dio muestras de su talento, detuvo dos penales contra Independiente Juniors para darle la clasificación a su equipo.
Ahora, ante un rival de Serie A, su actuación trasciende lo deportivo como espacio de catarsis y reivindicación personal. Aunque en el marcador se necesitó de los penales, lo cierto es que Liga de Portoviejo fue superior a Macará en varios pasajes del encuentro.
El equipo manabita mostró orden táctico, intensidad y un compromiso que desnudó las falencias de un cuadro ambateño que nunca encontró los caminos para superar a un rival que parecía accesible.