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viernes, agosto 29, 2025

Socialismo: criminalidad e ignominia

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Por: Alfonso Espín

En 1995 tuve la oportunidad de estar en La Habana – Cuba, visita de la cual guardo un recuerdo nostálgico, pensando en cómo a eso de las 18:30 el Atlántico se mete de lado y oscuro contra el malecón de la ciudad y en ciertos sectores el agua del mar llega hasta la avenida y, desde dentro de la ciudad sale el “sonsoneo” de algún bolero mambo y las primeras luces de La Habana se lanzan al mar como queriendo también llegar al otro lado, allá donde en las noches despejadas se puede divisar una lumbre en el firmamento, donde los cubanos aspiran la libertad, en la Florida de Norteamérica.

En la década de 1970 no había estudiante universitario que no fuese socialista, y seguro hoy, la mayoría de ellos serán prósperos profesionales que se habrán olvidado de esos ideales de moda en aquella época. La misma Iglesia católica, con la denominada “Teología de la Liberación”, incursionó en los senderos revolucionarios y los grupos insurgentes que aparecieron a lo largo de Latinoamérica, tenían ideales de equidad y justicia, en favor de los pueblos de este lado del mundo. Cuba había alcanzado el ideal socialista en 1959 y en décadas anteriores Venezuela, a través de elecciones, con la llamada “revolución bolivariana”, se ponía en esas lides.

Han pasado varias décadas y ninguno de los países que han optado por este sistema ha logrado ni equidad y peor prosperidad para sus pueblos, más bien estos regímenes han socapado todo tipo de criminalidad y las organizaciones, otra hora, guerrilleras idealistas, hoy son grupos narcoterroristas que han sumido a en la miseria y mendicidad a esas naciones.

El narcotráfico ha encontrado en Venezuela el sitio ideal desde donde operar, administrando desde los envíos de drogas, hasta el lavado de dineros sucios por esos conceptos.

Los principios socialistas son solamente una pantalla para sostener ante el mundo una percepción de antagonismo en contra del “imperialismo norteamericano”, pero el éxodo de los habitantes de Venezuela y Cuba al mundo entero, en condiciones de máxima precariedad, prueban una ignominia de la cual son responsables los mandatarios “revolucionarios”, que tratando de sostener la criminalidad se procuran lazos con otros estados afines para controlar la región y sostenerse con vigor.

Venezuela pasó a ser de uno de los aliados económicos más importantes de Estados Unidos a una “piedra en el zapato” del gobierno norteamericano, porque con sus vínculos con Irán y China y otros, ha desestabilizado la geopolítica de USA.

La presencia de los tres destructores y cuatro mil marines enviados por Donald Trump frente a las costas venezolanas presionan a ese régimen delincuencial y significan la esperanza para los ciudadanos que esperan el fin de esa dictadura, al tiempo que la coexistencia criminal de tantos grupos dedicados al delito en muchas formas, también se ve afectada y con graves riesgos también para el Gobierno colombiano, con un mandatario que aúpa y, en ocasiones, auspicia también las acciones narco criminales.

Difícilmente se llegará a una invasión de Venezuela por parte de Estados Unidos, pero el control en aguas caribeñas de las operaciones del narcotráfico y la presencia en el lugar, más la millonaria recompensa por la captura de los más grandes líderes del gobierno de Caracas, terminarán finiquitando con esa tiranía que ha destruido masivamente a su propio pueblo y que ya no alcanza más paciencia.

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