En Cotopaxi piden no ser olvidados por las autoridades

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Los testimonios de los afectados por la crecida de los ríos son, por decir menos, conmovedores. Las personas de poblaciones como El Palmar, 7 Ríos, Malqui, Pucayacu, Yacuchaqui, Quindigua piden algo que no debería ser tomado a la ligera: no ser olvidados por el resto del país y menos por las autoridades locales y nacionales. Tras dos semanas de enfrentar las consecuencias del desbordamiento de ríos por el temporal, sienten distanciamiento y hasta desorganización en la ayuda que debería llegar inmediatamente.

Hay hechos que, por la distancia y las dificultades de comunicación, se conocen poco. Hasta el pasado viernes, por ejemplo, en El Palmar, 32 casas estaban dañadas; 14 personas viven a la intemperie en la cancha múltiple en dos carpas. En Yacuchaqui hay 23 familias damnificadas y cuatro casas están destruidas. En las zonas de Quindigua y Yacuchaqui se construyeron nueve puentes con la corriente del río. Los lugareños deben caminar hasta 10 horas para recibir raciones de comida que reciben de sectores privados.

El complejo Malqui – Machay perdió su acceso (carretera y puente). Asimismo, se dañó una parte de un camino ancestral. El sitio es considerado patrimonial y tiene entre 2 500 y 3 000 años de antigüedad e historia; además de las vidas en peligro, está ese legado histórico poco difundido.

Pero las comunidades no piden mucho o -quizás bastante para ellos- quieren que les ayuden a salvar sus animales; que para ellos son su sustento. Otros viven de la venta del fréjol, la mora, la naranjilla o de la trucha. También de la elaboración de panela, la que se vende a USD 1 el kilo en la feria de los jueves en Pucayacu.

En realidad los habitantes de estas poblaciones requieren lo básico. En la zona no existen lujos, el internet y la señal de celular son intermitentes y por eso el contacto con las grandes ciudades se vuelve realmente complejo.

La emergencia para los lugareños empezó a finales de enero y la ayuda llega lentamente. Siempre el temporal desnuda las vulnerabilidades y muestra las -todavía- diferencias entre el Ecuador rural y el urbano y que no se han logrado superar.

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