La cura para Quito fue peor que la enfermedad

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Artículo de opinión II Daniel Soto

Recordemos a Jorge Yunda, ese empresario millonario que estuvo en la alcaldía de Quito únicamente para tener a la ciudad medio atendida. Según se le acusó, todo a medias porque su séquito de asesores externos, no terminaban de cuajar los negocios de cada contrato. El único que parece que llegó a concretar contratos fue su hijo, Baby Yunda, quien ahora es procesado por haberse aprovechado de la declaratoria de emergencia por pandemia. Por tener la ciudad a medias y por no presentar las cuentas de la alcaldía, los concejales lo removieron, pero nadie se imaginó que nos iría peor con su sucesor, Santiago Guarderas.

Recordemos que Santiago Guarderas asumió la honorable tarea de ser alcalde de Quito en septiembre de 2021, luego de que la Corte Constitucional fallara a su favor, ratificando la validez del procedimiento de remoción que siguieron los concejales. Una vez que Guarderas asumió la alcaldía, poco se sabe del señor.

Al asumir el cargo pocos saben a qué se dedicó. Más allá de que salió a saludar a los medios diciendo que iba a poner la casa en orden y limpiarla de quién sabe qué.

Meses pasaron y la ciudadanía no veía que haya cambiado nada. Con la sangre en el ojo los quiteños todavía preferían a Guarderas en vez de Yunda, pero el tiempo pasó y ahora reconocemos que estamos peor.

Llegamos a julio del 2022, tras 10 meses de la gestión de Guarderas como alcalde, las vías de la ciudad están más descuidadas que cuando estaba Jorge Yunda, que ya era inaceptable. Muchas calles del sur de Quito parecen apocalípticas de tanto cráter que se tiene que esquivar, lo mismo que algunas otras en el norte. Exceptuando por algunas avenidas grandes del norte de Quito y otras pocas al sur, se nota mucho el descuido.

El Metro de Quito, bien gracias. Guarderas llegó a decir que ya se inauguraría no sé qué etapa, nada pasó. No tiene fecha real de ponerse en práctica, tampoco hay un informe que diga porqué el retraso o la nueva fecha esperada. La información es general, poco detallada e insípida. Cuando estaba Yunda había más comunicación, aunque el avance era igual de deficiente.

Los mercados no han tenido una sola mejora. Siguen iguales, pese a que se suponía que Guarderas ayudaría a crear espacios propicios para el comercio. Parecería que los espacios a los que se refería eran los mismos que ya existían, solo que sin Yunda.

Ah, eso sí, con los informales no hay tregua. Los agentes metropolitanos van en manadas de 20 para quitarles los productos a las señoras que venden en las calles. Claro, porque son demasiado peligrosas, entonces se necesita llevar un camión, una camioneta y 20 uniformados trepados en ambos vehículos para repartir toletazos al que no se deje quitar las cosas. Se llevan el carrito y solo queda el producto ensuciándose en el piso, empapado de las lágrimas de una señora que ese día no llevará dinero a su hogar.

Guarderas sueña con un Quito diferente, pero parecería que es porque no le gusta el Quito en el que vive. Cuando no se quiere a la ciudad en la que se vive o a su gente, ser alcalde es la antítesis del liderazgo; sería mejor irse a vivir a otra ciudad.

El plan regula tu barrio no solo que avanza lento, ya no se mueve. Muchos barrios de Quito buscan formalizar su situación de vivienda, incluirse en el catastro metropolitano y tener un número de predio. Regular esos barrios significa recaudar impuestos, pero el Municipio parece que no quiere su dinero. No seré ingrato, esto no solo se debe al olvido de Guarderas, es un problema que lleva años, pero con Guarderas nada cambió.

De digitalización mejor ni hablar. No se ha hecho absolutamente nada para mejorar la atención al usuario a través de la digitalización. En la revisión técnica vehicular, por citar un ejemplo, su calendario genera citas para dentro de 2 años. Eso sí, las multas son implacables.

Lo que sí se ha visto, es que a Cumbayá le han dado mucha atención, pendientes de donde está el dinero de las constructoras. Vaya coincidencia. Cumbayá dejó de ser un espacio rural desde hace mucho tiempo, pero algunas zonas mantienen la regulación como si se tratara del campo que fueron hace décadas. Cumbayá es una de las pocas zonas que tiene atención para cambiar la zonificación para permisos de construcción, algo que debería hacerse por iniciativa del Municipio y no porque las constructoras piden que se modifique la regulación.

Durante los 18 días de paro, Guarderas hizo lo que mejor sabe hacer: quedarse callado. En el 2019 cuando la capital fue atacada por otra marcha indígena, Yunda guardó silencio y la opinión pública no se hizo esperar para emitir las críticas. En el paro de hace un mes, Guarderas no tampoco defendió a la ciudad, se quedó escondido. Para eso nos quedábamos con Yunda, al menos el señor contaba cachos. Pensamos que la cura de la mediocridad y el olvido sería separar a Yunda del cabildo, cuando en realidad fue todo lo contrario. Tal vez debimos imaginarnos que sería así pues ambos llegaron a los votos por el mismo partido político en las elecciones del 2019. Vamos tan retrasados en convertirnos en una verdadera metrópoli que a estas alturas lo que no es progreso, es retroceso.

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