La “Rockola”, un atractivo musical de los riobambeños en las noches de bohemia

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    HISTORIA

    Según Edwin Chávez Medina, historiador y cronista riobambeño recordó: La “Rockola” era elemento imprescindible en toda cantina que se precie de ser la mejor; la elegante máquina monedera (generalmente lo único elegante que había en el lugar), casi invariablemente era un wurlitzer con discos de acetato de 45 RPM e inevitablemente tenían todas el mismo repertorio de canciones “cortavenas”.

    Ya sea en el “Acapulco” del loco Haro, las “Piernas de oro” en San Francisco o donde la “quince uñas” frente al Coliseo. Inolvidables esas noches de bohemia donde prestos y solidarios acompañábamos a algún amigo a paliar con licor algún desengaño amoroso (aunque cualquier pretexto era válido).

    Entre las canciones imprescindibles, inolvidables y de rigor que nunca faltaban en estas mágicas cajas musicales recuerdo: “Licor bendito”, “Azabache” y “Fatalidad” de Julio Jaramillo; “La copa rota” de Alci Acosta; “Amor gitano” de José Feliciano;”Mala sombra” y “Olvídala amigo” de Carmencita Lara; “Te vas” de Tito Cortez; “Collar de lágrimas” de los Montalvinos; “Ciudad blanca” y “Gitana” de los Dávalos; “Cariñito” y “Huye de mi” de los Kipus entre otras melodías que provocaba que los asíduos visitantes digan ¡Salud!, enfatizó Medina.

    Henry Velasquez, un riobambeño de pura cepa, añadiò: “La cantina…el trago puro en botellita de Coca Cola, dos o tres o cuatro vasitos, según el número de acompañantes, o tal vez un solo vaso si la decepción era muy grande y la sed muy apremiante. Los recuerdos de la dama que rompió nuestro corazón son muy duros”. Por tal motivo, la Rockola WURLITZER que ofrecía tres discos por un sucre y la mirada perdida entre tantas canciones; mientras, arrimado con el codo y tambaleante se hacía el esfuerzo por fijar la vista y detectar la canción que con su letra nos acompañara en nuestro balbuceante cantar.

    El amigo dormido en la mesa y la dueña nos pide salir, mientras en una mesa vecina unos  borrachos empezaban a trenzarse a golpes. El loco Haro, buen puñete; forjado en las lides callejeras se encargaba de sacar a los revoltosos, quienes continuaban su riña escandalosa en la calle; vociferantes y a voz en cuello se gritan bascosidades, mientras la noche avanza implacablemente.

    Recojo a mi amigo y lo llevo a casa; mañana será otro día; será un día duro, ese horrible trago causará estragos espantosos en el organismo, pero no faltará el amigo que acompañe a la cantina a llorar los recuerdos por la dama perdida. “Hermosos y tristes recuerdos a la vez”. (16)

     

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