OPINIÓN

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Opinión

Una decisión funesta 

Abelardo Pachano (El Comercio)

Hay dos problemas muy serios en el Ecuador: primero el poco respeto a la ley y, segundo la escasa comprensión de los principios que gobiernan una economía sana. Los dos se nutren de esa actitud enfermiza. La Constitución de la República del Ecuador en su artículo 135 estipula de manera taxativa la iniciativa exclusiva del presidente de la República para presentar proyectos de ley que creen, modifiquen o supriman impuestos, aumenten el gasto público o modifiquen la división política administrativa del país. Sin embargo, la Corte Constitucional al tratar la objeción total de inconstitucionalidad del presidente a la reforma de la reforma de la Ley Orgánica de Educación intercultural (Caso 2-22-OP), por mayoría de votos resolvió rechazarla (con el voto salvado del Dr. Herrería) omitiendo el tratamiento del contenido del artículo antes citado que, no ofrece duda alguna sobre su alcance para, sobre la base de una serie de razonamientos de procedimiento acusar al Ejecutivo de falta de colaboración; de opinar que como Corte pueden asumir la facultad de reemplazar al presidente y declarar que la ley cuestionada si tiene fuentes de financiamiento ( el petróleo y la reforma tributaria última); pero, que hay una postura radical del gobierno que la desconoce, como si la Corte tendría, entre sus deberes además, auditar o fiscalizar las decisiones propias de otra función del Estado. Con esta resolución, la Corte acabó con el contenido del Art. 135 de la Constitución y abrió el camino para evadirlo de la manera más flagrante. De aquí en adelante, cualquier sector puede conseguir que la Asamblea derogue un impuesto o aumente gastos, para que la Corte use este procedimiento y maneje a su gusto la política fiscal.  No se discute la razonabilidad de los pedidos salariales sino la burla cometida con las normas Constitucionales para atenderlos, pues no existe iniciativa del presidente ni hay financiamiento real sino sólo apreciaciones carentes de sustento técnico que desbaratan el equilibrio fiscal.

¿Cree Usted en las coincidencias?

Andrés F. Ugalde Vázquez (El Mercurio-Cuenca)

¿Cree Usted en las coincidencias? Yo no. Y lo digo por este absurdo simulacro de Estado de Derecho que hoy suma, a la profunda crisis de institucionalidad y la ausencia absoluta de gobierno, una batalla campal entre la Corte Nacional de Justicia y el Consejo de la Judicatura.  Un proceso aberrante por el cual, el pasado 20 de mayo, se suspendió en sus funciones a Iván Saquicela, presidente de la Corte Nacional de Justicia, por presunta negligencia en un caso de extradición. Una broma de mal gusto, si consideramos que era él quien estaba llevando adelante el trámite de extradición del oscuro dictador que ahora se refugia en Bélgica. Una paradoja, en toda regla, en la que se usa un trámite incompleto como coartada, para sacar del camino a quien hubiera llevado adelante la extradición mayor del primero y más grande de nuestros prófugos. ¿Cómo lo sé? Porque fue él, Iván Saquicela, quien dictó en primera instancia las medidas que hicieron huir al déspota. Gobierno del encuentro es le dicen… pues bien, pocas probabilidades tendrá aquel encuentro mientras los poderes del Estado interfieran groseramente en la justicia y pretenden comprar su impunidad.  Pocas probabilidades tendrá el cacareado encuentro en una sociedad donde el mismísimo presidente de la Corte de Justicia cae víctima de los oscuros apetitos y acuerdos del poder. Y acuerdos habrá, porque ciertamente los tiempos coinciden. Una suspensión a pocas horas de que el Presidente de la Corte retirara la terna para la designación del vocal faltante al Concejo de la Judicatura ¿la razón? Pues la intuimos todos: la manipulación del nombramiento a manos del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (CPCCS), uno los órganos más cuestionados de nuestra frágil democracia, que se había postergado hace meses so pretexto, que a mí me suena a coartada, de la carencia de un reglamento nuevo cuando cuentan con uno vigente que han utilizado sin problema en casos análogos anteriores. ¿Algo más? Desde luego, el hecho de que la suspensión haya sido protagonizada, justamente, por unos de los interesados en el dichoso nombramiento. ¿Cree Usted en las coincidencias estimado lector? Yo no. Ciertamente, yo no…

Ecuador, un muro de lamentaciones

Giovanni Carrión Cevallos (El Universo)

El presidente Guillermo Lasso llegó al Palacio de Carondelet luego de superar tres extenuantes campañas electorales en los años 2013, 2017 y 2021, lo cual seguramente le significó no solo un enorme trajín propio de los recorridos en una ardiente y tropical arena política ecuatoriana, sino también acumular conocimiento en relación a una compleja realidad nacional y quizá por eso fue que, en su momento, ofreció preparar, en palabras del ahora primer mandatario, ‘… un proyecto para que en los primeros 100 minutos de gobierno podamos arreglar el desastre que hoy atravesamos. ¡El Ecuador YA NO aguanta más!’. No obstante, y cuando estamos próximos a marcar el primer año de gestión del ‘gobierno del encuentro’, persiste la presencia de una atmósfera económica, social y política cada vez más enrarecida y que amenaza, de no encontrar adecuadas válvulas liberadoras de energía, la acumulación de una gran presión social que, como se entenderá, podría tener impredecibles consecuencias frente a demandas ciudadanas insatisfechas cada vez más amplias y variadas. Así, queda en evidencia, además, la validez del conocido aforismo que dice: ‘Una cosa es con guitarra, y otra con violín’ y mucho más a la hora de administrar un país con una democracia tan débil y vulnerable como la nuestra. Lo cierto es que la calificación favorable del presidente Lasso, en menos de un año, se ha deshecho como bizcochuelo lojano. Del 74 % de valoración positiva inicial ha pasado al 30,82 %, es decir, una caída de 43,18 puntos. A eso se suma la paupérrima gestión de la Asamblea Nacional con apenas el 11,18 % de reconocimiento.

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