Una sociedad politizada

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Por: Rodrigo Contero Peñafiel

Muchas personas llevan una vida cómoda porque trabajan con dedicación, saben ahorrar y hacer de su familia la base de una sociedad organizada, libre y democrática. Quienes recibieron la formación necesaria para hacer de sus familias un baluarte donde el honor y la dignidad les da la capacidad necesaria para seguir adelante, sin convertirse en una carga pesada para la sociedad y el Estado suelen replicar ese conocimiento entre los suyos.

Existen otras familias que forman parte de la delincuencia organizada y hacen de la sociedad un reflejo de su compostura antisocial y de peligro para todos. Muchos pretenden vivir del Estado, a cambio de nada y sin que se haga ningún esfuerzo. Varios políticos se encuentran ofuscados, alterados y difunden lo que les interesa o nunca entendieron, porque supuestamente para ellos hacer revolución es expropiar las propiedades de los demás, entregar dádivas a la gente y pelearse irresponsablemente con entidades nacionales e internacionales.

Cuando estos mismos políticos dicen que luchan por la libertad del pueblo porque la democracia así lo exige, es volver a escuchar a los mismos de siempre, que no pueden pensar más allá de su noción sobre los derechos, en la que nunca participa el pueblo. Estas minorías fragmentadas en organizaciones políticas y sindicales viven para sus intereses, de sus líderes y partidarios. La política en nuestro país se muestra como una carrera para conquistar espacios de poder, en el que se enfrentan unos a otros contradiciéndose mutuamente.

La gente que vive de la política, muchas de ellas sin ética ni moral, buscan fijar la idea de que toda necesidad genera un derecho, convirtiendo al derecho en un producto de consumo que difunden sin ningún criterio racional, haciendo que el derecho pierda todo significado y acabe en el vacío, igual que el sistema corrompido que actualmente somete al país. Ya nadie cree en los derechos elementales llamados a cubrir las necesidades de la gente. La confrontación de ideas y pensamientos de los políticos de turno va terminando irresponsablemente con el bienestar del pueblo ecuatoriano, pero acrecienta la fortuna de los dirigentes populistas. /La Hora

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