Artículo de opinión: ¿Pérdidas y Ganancias?

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¿Pérdidas y Ganancias?

Por: Fausto Segovia Baus
Existe literatura sobre el tema. Los economistas y contadores elaboran informes de ese jaez; los educadores evalúan si han aprendido o no sus estudiantes; los padres de familia, valoran los retrocesos y avances de sus hijos… Hay estudios sobre los países, según el aumento o no de inversiones, mediante barómetros técnicos como el riesgo país, que se calculan con variables e indicadores. El índice de desarrollo humano -establecido por las Naciones Unidas- es un referente, así como el cumplimiento de las metas del milenio, en relación con el combate a la pobreza.
La paralización del Ecuador podría ser analizada desde varios parámetros. Los insumos provienen de los actores económicos (empresas, productores, comercializadores, consumidores, transportistas); los discursos de los dirigentes políticos y sociales (gobierno, indígenas, voceros de la ciudadanía); los medios de comunicación y las redes sociales; y las personas del Estado llano -los ciudadanos- que han sentido, en carne propia, la impotencia frente al vandalismo.
¡Un punto de partida es que todos, sin excepción, somos corresponsables de esta crisis recurrente! La mayoría de los mensajes -recibidos y enviados- coinciden en que la educación -la mala educación- y la injusticia social son responsables de este problema estructural, que impide el diálogo racional y la paz positiva, mientras predominan los juegos de intereses, la violencia verbal y física, la confrontación estéril entre hermanos, y la debacle de las instituciones democráticas.
¿Por dónde comenzar para reconstruir el Ecuador? Si todos queremos paz con justicia, ¿cómo articular estrategias para superar esta conmoción repetida tantas veces? El balance de pérdidas supera al de las supuestas ganancias, son saldos rojos: personas fallecidas y heridas, el país dividido, suspensión de exportaciones de petróleo, flores, camarones y banano; turismo rezagado; otro año perdido en educación; destrucción de ciudades, carreteras y lo más grave: la anomia general. ¿Y quién paga esta millonaria factura económica, social, política y ética?
Fuente: El Comercio
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