El Valle

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OPINIÓN II Pablo Escandón

Ser vecino del Valle de Los Chillos es como pertenecer a un anejo muy lejano de la metrópoli. Y tiene sus cosas buenas, como la tranquilidad de no escuchar el tránsito de la urbe, y que aún hay espacios boscosos para disfrutar del rumor del viento entre las ramas y el revoloteo de las aves.

Ser vecino del Valle de Los Chillos es olvidarse del control municipal, en donde quien compra influencias, como en cualquier pueblo chico, es el gamonal del sector, sea hombre o mujer, y tiene serviciales empleados que harán lo que sea para mantener sus ayudas de manera puntual.

Ser vecino del Valle de Los Chillos es tener la certeza de que nunca mejorará la movilidad entre la ciudad y esta parroquia del Distrito Metropolitano, pues el paso obligado por El Trébol o la circunvalación por la avenida Simón Bolívar nos obliga a tener en cuenta que el viaje siempre será largo.

En tiempos de campaña, que se avecinan, los candidatos y candidatas prometían hacer una solución vial, que comunicaba al Valle de los Chillos con el sur y el norte de la provincia: un tren elevado prometió un exalcalde de Rumiñahui, que pasó más de una década sentado en ese sillón y del tren elevado solo hubo una imagen en Facebook.

Asimismo, la Prefectura de Pichincha en conjunto con el Municipio de Quito ofrecieron hacer un puente que pasaba sobre el barrio de Monjas y se conectaba a un túnel que desembocaba en el parque El Arbolito para así solucionar el flujo de quienes viajarían hacia el norte. Todo fue ilusión y ni siquiera promesas sino castillos en el aire.

Los metrocables serían una buena opción para cruzar el encañonado del Machángara, subir al Itchimbía y llegar en 10 minutos a la ciudad, desde el sector de Monjas, pero al alcalde Rodas le fue mal con su proyecto en El Condado, porque también fue humo lo que vendió o negoció.

En días pasados, al subirme a un bus que me llevaba a Quito, un hombre maduro, gritaba en su celular, que estaba a la orden de un candidato X, pues como sabía su interlocutor, él maneja dos grupos fuertes de choque y contrachoque en el Valle, que los ponía a disposición de la campaña, y que él trabajaría para luego tener un buen puesto en el Municipio.

No le interesaba el bien común, en este caso, mejorar la vialidad y la movilidad del valle hacia Quito y viceversa. Para él, solo interesaba llegar a un puesto y medrar. Así se vienen los vientos electorales.

El Valle de Los Chillos requiere de mejores servicios por parte de la administración central. El Metro es una gran obra que tiene que complementarse con vías diversas para solucionar o aliviar el tránsito pesado y lento. Veamos quién trata el tema de conectividad entre valles y desde la urbe a las parroquias.

Fuente: Diario La Hora

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