Hace 75 años, un recuerdo macabro

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Mañana,   6 de agosto, la humanidad, que históricamente a lo largo de los siglos, ha transitado entre la guerra y la paz, tendrá un recuerdo macabro: hace 75 años,  a las 8:15 de la mañana del 6 de agosto de 1945, la humanidad comenzó a vivir días de horror cuando los bombardeos atómicos sobre  las ciudades japonesas Hiroshima (el 6 de agosto) y Nagasaki (tres días después), inauguraron la guerra nuclear.

La bomba atómica, irónicamente denominada Litle Boy (Pequeño Muchachito),  causó miles de muertos y devastación nunca antes conocida en la historia de la humanidad.  Fue el fin de la Segunda Guerra Mundial, otra locura humana que acabó con millones de seres humanos.

Al referirse al poder de destrucción nuclear, Albert Einstein, el científico más conocido y popular el siglo XX, el creador de la teoría de la relatividad, para muchos el responsable de la creación de la bomba atómica, dijo: “No sé cómo será la tercera guerra mundial, solo sé que la cuarta será con piedras y lanzas”

Por su parte, Umberto Eco,  uno de los intelectuales más destacados de Italia, afirmó que  puede desencadenarse una tercera guerra mundial, una guerra auténtica,  no una “marginal como la Segunda Guerra Mundial, que solo causó cincuenta millones de muertos”; una “guerra de las buenas” de aquellas que la técnica permite hacer hoy día, con zonas enteras del planeta desertizadas por las radicaciones, al menos con la mitad de la población mundial desaparecida; en resumen, una “cosa bien hecha, realizada por generales competentes y responsables, a la altura de los tiempos”.

La búsqueda enloquecida de poder puede inmovilizar a todo el mundo civilizado y destruir la civilización actual. Y esa visión apocalíptica a nivel mundial, puede replicarse en las repúblicas y naciones para inmovilizarlas, destruirlas, aniquilarlas. Todo en función de ambiciones individuales o de grupo.

Ahora mismo, la humanidad vive horas de terror causada por un virus microscópico, millones de veces más diminuto que el “Pequeño Muchachito” de la Segunda Guerra Mundial, pero inmensamente más poderoso, capaz de acabar con millones de seres humanos mientras la ciencia no se apure a descubrir la medicina  y siga imperando la irresponsabilidad social de los habitantes del planeta.

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