Una epopeya llamada Richard Carapaz

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Pocas personas tienen la capacidad y la jerarquía para hacer historia de forma notable y con la gloria que les permita ser recordados para siempre, porque sus triunfos se registran en las páginas de lo inédito, de lo que creemos utópico. Ese es Richard Carapaz, quien subió al podio del monte Olimpo con todos los méritos.

Luego de 25 años, de tanta alegría, no hemos podido ni contener las lágrimas al ver a nuestra bandera flamear, sentir en lo más profundo del corazón las notas de nuestro Himno Nacional en una justa universal. Ha sido gracias a un humilde y superdotado del deporte carchense, que vale oro, como la medalla que alcanzó en la competencia de los Juegos Olímpicos en la prueba de ciclismo de ruta.

Gracias, Richie. Luego de Jefferson Pérez, también campeón olímpico, eres la muestra de que el deporte ecuatoriano no es únicamente el fútbol. Tus logros, en las vueltas de Francia, España e Italia, manifiestan que tu sacrificio no es casualidad, sino causalidad. A quienes pasarán varios días irritados y acomplejados por tus acertadas declaraciones de la falta de apoyo gubernamental, después de alcanzar la cima en Tokio, no les queda más que reflexionar sobre lo viable de una buena y decente gestión, de tomarse en serio a nuestras promesas, porque no todo en la vida es corrupción.

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